Lenin Marcano

Antiguo vendedor de piojos y escombros del muro de Berta, nace en algún lugar de la siempre contradictoria Caracas. Sus primeras publicaciones se remontan anales de los años 90 en revistas y fanzines literarios y underground, así como también en suplementos de periódicos locales. Su primer libro aparece en 2002 Abran pasos, abran fosas comunes, publicado por la recién nacida editorial Nadie nos edita. En el 2005 se publica su segundo poemario titulado Se me acabo el mar, solo me quedan espinas. Ese mismo año es condecorado con el premio Honor a la Gloriosa Juventud Merideña, mención Rivas Dávila (aunque el poeta desconoce dicho merecimiento).

En los siguientes años se entrega al despecho y olvido, preña una monja, es excomulgado, decide dedicarse al deporte convencional de escalar iglesias. Los años siguientes son de alta producción literaria formando parte de la antología poética Dragones de papel, ganando el Premio Nacional del Libro 2004 (coautor). Los años siguientes son de una fecunda y oscura producción poética, sin embargo nada se publica.

En el año 2015 sale a la luz el poemario Porque hablar sólo, es aprender a ladrar, publicado por la editorial El perro y la rana (algunos perros lo celebran, algunas ranas no lo entienden guau, guau).

Con este libro De alguna u otra forma se masturba el colibrí se despide este humilde poetazo (de la poesía contundente según la amiga y poeta Skarlet Boguier, gótico latinoamericano según el amigo Cesar Vásquez) para dedicarse a escribir su primera novela rosa, que lleva por nombre (por ahora) Amor de marsupial. También tiene una jugosa oferta para componer canciones a un grupo de bachata filipino de letras llorosas tradicionales en la Guyana francesa.