El Napoleon que no vimos. Por Marlene Daut

La guerra del emperador para reponer la esclavitud en Haití

Los críticos han señalado las numerosas inexactitudes históricas de la nueva película de Ridley Scott sobre Napoleón Bonaparte. Como estudiosa del colonialismo francés y la esclavitud, que estudia la ficción histórica, o la ficcionalización de acontecimientos reales, me molestaron mucho menos la mayoría de las libertades tomadas en Napoleón, aunque disparar cañones a las pirámides ya era excesivo. He sostenido en otra parte que las ficciones históricas no necesariamente deben juzgarse por su adherencia a los hechos. En cambio, lo que más importa es la inventiva, la creatividad, la ideología y, en última instancia, el poder narrativo.

Pero en lugar de ofrecer una visión fresca e imaginativa de Napoleón, la película de Scott escenificó las conocidas batallas de Austerlitz, Wagram y Waterloo, al tiempo que borró quizás la más importante y trascendente de las campañas militares de Bonaparte. Como ocurre con cualquier otra película de Napoléon, la versión de Scott dejará a los espectadores sin comprender la guerra genocida para restaurar la esclavitud que Bonaparte libró contra los revolucionarios negros en la colonia francesa de Saint-Domingue, lo que hoy se conoce como Haití. Para mí, dejar de lado esta historia es como hacer una película sobre Hitler sin mencionar el Holocausto.

 

Estoy por los blancos, porque soy blanco

La guerra intermitente de Francia con Gran Bretaña no cambió las fronteras inmediatas de ninguno de los dos países. Estas guerras a menudo se libraron por tierras del hemisferio americano e incluyeron una contienda histórica por Martinica, una pequeña isla en el Caribe, cuyo destino tuvo repercusiones de gran alcance para la esclavitud. En 1794, después de tres años de rebeliones de esclavos en Saint-Domingue (acontecimientos ahora conocidos como la Revolución Haitiana), el gobierno francés abolió la esclavitud en todos los territorios franceses de ultramar. Martinica, sin embargo, no estaba incluida: los franceses habían perdido recientemente la isla ante los británicos en una batalla.

En un discurso de 1799 ante el gobierno francés, Bonaparte explicó que si hubiera estado en Martinica en el momento en que los franceses perdieron la colonia, habría estado del lado de los británicos, porque nunca se atrevieron a abolir la esclavitud. “Estoy a favor de los blancos porque soy blanco”, dijo Bonaparte. “No tengo otro motivo y este es el correcto. ¿Cómo podría alguien haber concedido la libertad a los africanos, a hombres que no tenían civilización?”

Una vez que llegó al poder, Bonaparte firmó el Tratado de Amiens de 1802 con los británicos, que devolvió a Martinica al dominio francés. Posteriormente, aprobó una ley que permitía que continuara la esclavitud en Martinica. Y en julio de 1802, Bonaparte restableció formalmente la esclavitud en Guadalupe, otra colonia francesa en el Caribe. La esclavitud persistió en el imperio de ultramar de Francia hasta 1848, mucho después de su muerte en 1821.

En Saint-Domingue, Bonaparte autorizó a sus generales a eliminar a la mayoría de la población negra adulta y firmó una ley para restablecer la trata de esclavos en la isla. Para que la misión tuviera éxito, las tropas de Bonaparte tendrían que enfrentarse a un ex esclavo llamado Toussaint Louverture, que se había convertido en un líder prominente durante los primeros años de la Revolución haitiana. Después de la emancipación general, cuando la población negra se había convertido en ciudadana de Francia (en lugar de esclava), Louverture se unió al ejército francés. Luego desempeñó un papel clave ayudando a Francia a combatir y, finalmente, derrotar a las fuerzas españolas y británicas, que desde entonces habían invadido la colonia en un intento de apoderarse de ella. 

 

El primer general negro del ejército francés, Alexandre Thomas Dumas, padre del novelista Alejandro Dumas.

 

Reconociendo su destreza militar, los franceses promovieron constantemente a Louverture hasta que se convirtió en el segundo general negro de un ejército francés, después del general Thomas-Alexandre Dumas, padre del famoso novelista francés Alexandre Dumas. (Por cierto, Thomas-Alexandre Dumas aparece en la película como un personaje con un papel que no habla.)

En 1801, como testimonio de su creciente autoridad, Louverture emitió una famosa Constitución que lo nombró gobernador general de toda la isla. Sin embargo, todavía profesaba lealtad a Francia incluso cuando la colonia se volvió semi-autónoma. Para entonces, sin embargo, Bonaparte había asumido el poder como primer cónsul de Francia y se había propuesto como misión “aniquilar el gobierno de los negros” en Saint-Domingue para reimplantar la esclavitud. En enero de 1802, Bonaparte envió a su cuñado Charles Victor Emmanuel Leclerc a Saint-Domingue con decenas de miles de tropas francesas. ¿Las instrucciones de Bonaparte? Arrestar a Louverture y restablecer la esclavitud.

 

La caída de Louverture

Uno de los guionistas de la película, David Scarpa, dijo que Napoleón representa para él “el ejemplo clásico del dictador benévolo”.

Si ese Napoleón existió alguna vez, Louverture nunca lo conoció.

Reconociendo su destreza militar, los franceses promovieron constantemente a Louverture hasta que se convirtió en el segundo general negro de un ejército francés.

En junio de 1802, el ejército de Napoleón arrestó a Louverture y lo deportó a Francia. Mientras Louverture se consumía en una prisión francesa, Bonaparte se negó a someterlo a juicio. Durante su encarcelamiento, los guardias de la cárcel le negaron a Louverture comida, agua, calefacción y atención médica. Posteriormente, Louverture murió de hambre y congelado.

Sin Louverture, el ejército de Napoleón operó con más sed de sangre que nunca. Además de las armas convencionales, sus tropas lucharon contra los revolucionarios con cámaras de gas flotantes, ahogamientos masivos y ataques de perros, todo en nombre de la restauración de la esclavitud.

Los luchadores negros por la libertad, que entonces se hicieron llamar «ejército indígena», liderados por el fundador de Haití, el general Jean-Jacques Dessalines, derrotaron definitivamente a las fuerzas francesas en la histórica batalla de Vertières el 18 de noviembre de 1803. El 1 de enero de 1804 declararon oficialmente la independencia. de Francia y cambiaron el nombre de la isla por Haití.

 

«Un movimiento fatal»

Si los realizadores hubieran incluido el fallido intento de Napoleón de restaurar la esclavitud en Saint-Domingue, habrían podido vincular la película con uno de sus los únicos arcos coherentes del film: el amor eterno de Napoleón por Joséphine de Beauharnais, su primera esposa.

En una escena memorable de la película, Joséphine le dice a Bonaparte que él no es nada sin ella, y él lo acepta.

Sin embargo, las memorias póstumas de Joséphine sugieren que Bonaparte hizo caso omiso del consejo más profético de su esposa: Joséphine instó a su marido a no enviar una expedición a Saint-Domingue, profetizando que esto sería una “medida fatal” que “le quitaría para siempre esta hermosa colonia a Francia”. Como alternativa, aconsejó a Bonaparte que “mantuviera a Toussaint Louverture allí. Ése es el hombre necesario para gobernar a los negros”.

Posteriormente ella le preguntó: “¿Qué quejas podría tener contra este líder de los negros? Siempre ha mantenido correspondencia con usted; ha hecho aún más, les ha entregado, en cierto sentido, a sus hijos como rehenes”.

Sólo al final de su vida, durante su segundo exilio en la remota isla de Santa Elena, Napoleón expresó remordimiento por todo esto.

Los hijos de Louverture habían asistido al histórico Collège de la Marche de París, junto con los hijos de otros destacados funcionarios negros de Saint-Domingue. Aunque Bonaparte acabó enviando a los hijos de Louverture de regreso a la colonia con Leclerc, otro general negro de Saint-Domingue que luchó para oponerse al restablecimiento de la esclavitud, no tuvo tanta suerte.

Justo antes de que las tropas de Bonaparte comenzaran su guerra genocida en nombre de la restauración de la esclavitud, el futuro rey de Haití, el general Henry Christophe, envió a su hijo, François Ferdinand, al Collège de la Marche.

Después de que los revolucionarios haitianos derrotaron a Francia y declararon la isla independiente en 1804, Bonaparte ordenó el cierre de la escuela. Muchos de sus estudiantes negros, como el joven Ferdinand, fueron luego arrojados a orfanatos. El niño abandonado murió en julio de 1805, a la edad de 11 años.

Sólo al final de su vida, durante su segundo exilio en la remota isla de Santa Elena, Napoleón expresó remordimiento por todo esto.

“Sólo puedo reprocharme el atentado contra esa colonia”, afirmó el difunto emperador. «Debería haberme contentado con gobernarlo a través de Toussaint».

 

Una oportunidad perdida

De haber incluido parte de este rico material, Ridley Scott podría haber hecho una película verdaderamente original con relevancia histórica y contemporánea.

Después de todo, la historia de Napoleón de intentar detener la Revolución Haitiana –la revolución por la libertad más importante que el mundo moderno haya visto jamás– nunca ha sido representada en una pantalla de Hollywood.

En cambio, escondiéndose detrás de una hermosa cinematografía, un magnífico vestuario y la magistral interpretación de Joséphine por parte de Vanessa Kirby, Scott finalmente produjo una película poco imaginativa sobre los ya trillados éxitos y fracasos militares del hombre representado como quien literalmente se coronó a sí mismo como emperador de Francia.

Si Napoleón no glorifica exactamente su tema principal, sus creadores ciertamente parecían simpatizar con el hombre cuyas guerras fueron responsables de más de 3.000.000 de muertes, como dice el título final de la película.

La película no dice si esa cifra incluye a las decenas de miles de negros asesinados por el ejército de Napoleón en Saint-Domingue.

Publicado en: El cohete a la luna www.elcohetealaluna.com

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Palestina, dilemas de la descolonización

Por Stephen Sefton

Después de su derrota en la Primera Guerra Mundial los territorios del imperio otomano de Siria (hoy Siria y Líbano), Mesopotamia (hoy Irak) y Palestina fueron repartidos en 1920 entre Francia y Gran Bretaña por medio de la Conferencia de San Remo, bajo la autoridad de la Liga de las Naciones. El Mandato Británico sobre Palestina incorporó la Declaración Balfour de 1917, con lo cual el gobierno británico se había comprometido, de manera completamente arbitraria, establecer un estado nacional judío en el territorio de Palestina. 30 años después de la Declaración Balfour, el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 181 que autorizó la partición de Palestina y así surgió el estado de Israel. No hubo ningún proceso de consulta democrática con la población árabe nativa de Palestina que en aquel entonces fue el doble de la población judía.

En el momento de la votación solo participaron 56 países miembros de la ONU, que ahora cuenta con 193 países miembros. De los 56 países, 33 votaron a favor de la resolución, 13 países, principalmente los países árabes, votaron en contra y 10 países abstuvieron. Precisamente al inicio de la era de la descolonización en el mundo mayoritario, la Organización de Naciones Unidas, dominada por los poderes imperialistas, creó un estado colonial basado en una ideología supremacista, el sionismo, con un gobierno determinado a expulsar la población árabe para asegurar el dominio de una mayoría judía. Aun antes del fin del Mandato Británico el 15 de mayo 1948, las fuerzas sionistas habían iniciado una limpieza étnica de más de 200,000 personas de la población árabe aplicando tácticas de terrorismo y masacre.

Ese fue el contexto en que los vecinos países árabes declararon la guerra contra Israel durante la cual las fuerzas israelíes expulsaron otra parte de la población palestina, más de medio millón de árabes, y ocuparon sus tierras. La conquista y ocupación de las tierras palestinas por las y los sionistas revindicaron las proféticas palabras de Vladimir Jabotinsky, dirigente de Haganah, la organización armada sionista, quien escribió en 1925, «Una reconciliación voluntaria con los árabes está fuera de discusión ahora o en el futuro. Si desea colonizar una tierra en la que ya vive gente, debe proporcionar una guarnición para la tierra, o encontrar algún hombre rico o benefactor que proporcione una guarnición en su nombre.”

De hecho, los benefactores y protectores de Israel han sido los países occidentales quienes han asegurado que no se haya aplicado las numerosas resoluciones de la ONU ni ninguna otra medida del derecho internacional en defensa de los derechos del pueblo palestino. Toda esta historia demuestra los raíces coloniales de la fundación de Israel y del neocolonialismo sistemático occidental que lo mantiene, protege y defiende aun ante las masacres genocidas en proceso en Gaza en estos momentos. La partición de Palestina ocurrió en el período del fin de la época colonial que vio la creación de estados-naciones en base a las fronteras coloniales.

En el mismo período se impuso también la partición de muchos otros países, el Líbano de Siria, la República de Irlanda de Irlanda del Norte, la partición de Corea y, hasta 1975, la partición de Vietnam. El legado de los 500 años del colonialismo europeo y su gradual sustitución por Estados Unidos en los últimos 150 años ha sido décadas de sangrientes conflictos y guerras destructivas. En el caso de Palestina, la creación de Israel permitió a Estados Unidos y sus aliados tener su “portaaviones insumergible” en el corazón de una región estratégica para sus intereses geopolíticos, por motivo de su ubicación y sus recursos de hidrocarburos.

En este momento es imposible saber el desenlace político-militar de los combates en proceso en Gaza y mucho menos de la guerra regional en ciernes. Sin embargo, muchos gobiernos han definido sus propuestas para la posible resolución del conflicto. La mayoría abogan por la implementación de la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Resolución 242 fue aprobado hace cincuenta y seis años y promueve la creación de un estado palestino a la par del estado israelí.

Como ha comentado el destacado ex-oficial de las Naciones Unidas Alfredo de Zayas, “La obligación de Israel en virtud de la Resolución 242 del Consejo de Seguridad, que data del 22 de noviembre de 1967, es retirarse de los territorios ocupados y permitir la aplicación práctica del derecho a la libre determinación del pueblo palestino, [que es] inalienable y está consagrado en los artículos 1 y 55, capítulos XI y XII de la Carta de las Naciones Unidas, así como en el artículo 1 común al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) y Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC)».

Varios observadores han comentado que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) reafirmó en 2004 el derecho del pueblo palestino a la libre determinación y condenó las innumerables violaciones por Israel del derecho internacional. Además, como ha notado el embajador de la Federación Rusa a la ONU, Vasili Nebenzia, Israel no tiene derecho a la autodefensa en los territorios que ha ocupado ilegalmente durante décadas. Así que la resistencia palestina tiene plena legitimidad para revindicar los derechos fundamentales del pueblo palestino en sus tierras ocupadas, incluso por la vía armada.

La propuesta de la mayoría de los gobiernos del mundo es de resolver el prolongado conflicto entre Israel y Palestina conforme con el derecho internacional y crear un estado Palestino. A pesar de este consenso mayoritario internacional para la llamada “solución de dos estados” existe un influyente cuerpo de opinión en el mundo que lo cuestiona y aboga por la creación de un solo estado. El razonamiento de esta posición sigue el argumento del Hermano Guía Muammar al Gaddhafi quien argumentó que los Acuerdos de Oslo de 1993 eran un engaño de que la lógica culminación de su implementación sería la asimilación de la población palestina en un solo estado. Las propuestas más optimistas de un solo estado plantean la posibilidad de un estado unitario o federado capaz de acomodar las aspiraciones de los israelíes y los palestinos en base a la igualdad y la no discriminación.

Lo que gran parte de la discusión de ambas posibilidades a nivel internacional tiende a descartar, omitir o hasta negar es la insistencia del pueblo palestino en el imperativo de asegurar el proceso de la descolonización que corresponde a la profunda injusticia histórica que ha sufrido. Y es instructivo comparar la situación colonial y el contexto neocolonial de la lucha del pueblo palestino para su liberación con otras luchas revolucionarias de liberación que lograron su objetivo. Los ejemplos de las luchas anti-coloniales en Angola, Argelia, Mozambique y Zimbabwe aclaran los diversos dilemas que acompañan la lucha contra sistemas coloniales basados en el supremacismo racista.

El genocidio del pueblo palestino y la anexión total de su territorio sigue la práctica histórica de las élites coloniales y sus gobiernos europeos. Simone Weil, distinguida filosofa francesa, comentó una vez que la innovación principal de la Alemania Nazi fue de aplicar las prácticas de conquista genocida del colonialismo europeo a la misma población europea. Ciertamente, esta fue la experiencia de las cuatro luchas de liberación nacional en Angola, Argelia, Mozambique y Zimbabwe, las cuales pasaron por diferentes fases de resistencia, guerra abierta y negociación hasta lograr el triunfo.

La guerra en Argelia terminó con los acuerdos de Evián de 1962, en Angola con los acuerdos de Alvor de 1975, en Mozambique con los Acuerdo de Lusaka en 1974 y en Zimbabwe con los Acuerdos de Lancaster House de 1979. Todos estos acuerdos incluyeron medidas para garantizar el pleno reconocimiento de la soberanía nacional y el derecho de la auto-determinación del pueblo liberado, la transferencia de poder de una manera consensuada y programada que iba a permitir la salida pacífica en cada caso de cientos de miles de colonos. También incluyeron medidas para el traslado adecuado de las funciones administrativas, la renovación ordenada de la policía nacional y las fuerzas armadas y un manejo equilibrado de la redistribución de tierras y propiedades. Los acuerdos también incluyeron amnistías para los hechos que ocurrieron antes de su firma, y garantías de la protección y no discriminación contra los colonos que decidieron quedarse.

En todos los casos, los correspondientes gobiernos metropolitanos aceptaron el derecho a sus antiguas colonias a la independencia. En Francia, el Presidente De Gaulle enfrentó una violenta rebelión terrorista derechista contra su decisión de acordar la independencia de Argelia en 1962. Fue el derrocamiento en 1974 del gobierno fascista en Portugal por la Revolución de los Claveles que permitió el nuevo gobierno socialista portugués acordar la paz en Angola y Mozambique. Y en el caso de Zimbabwe fue el decidido apoyo del gobierno británico del Partido Laborista que acordó la decisión de facilitar la independencia de Zimbabwe en 1980 a pesar de la resistencia del régimen de los rebeldes colonos racistas.

Para el momento, el caso de Palestina es distinto, todavía más complejo y desafiante, porque el gobierno israelí tiene el apoyo incondicional del gobierno estadounidense que ocupa el papel del estado metropolitano que sostiene el régimen colonial sionista en Israel. A estas alturas los gobiernos de los países de la Unión Europea son prácticamente irrelevantes porque siguen los ordenes de las élites yanquís. De todos modos, con la derrota estratégica ya sufrido por Estados Unidos y sus subordinadas europeas en Ucrania, el tiempo favorece la causa Palestina, lo cual explica la decisión israelí de intensificar el ritmo de sus masacres genocidas ante la ofensiva palestina del pasado día 7 de octubre.

Sea cual sea la resolución finalmente negociada para garantizar alguna medida de justicia al pueblo palestina, de dos estados o de un estado, los temas más intrincados van a ser del mismo tipo que en los procesos de la descolonización anteriores. Principalmente estos son el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación en su territorio nacional y la recuperación de su territorio nacional de la ocupación sionista. La propuesta del movimiento palestino Hamas en este momento es de un alto al fuego, la apertura de las fronteras, especialmente con Egipto, y un intercambio de presos. Los dirigentes palestinos esperan establecer un proceso de paz político que culmina en un estado palestino independiente con su capital en Jerusalén y el derecho a la autodeterminación.

Parece inevitable en el contexto histórico actual del desarrollo de un mundo multicéntrico que la lógica de la descolonización de una u otra manera va a prevalecer en el caso de Palestina. Queda a ver como se resolverán los profundos dilemas en relación al derecho al retorno de los millones de familias palestinas desplazadas durante décadas por la limpieza étnica sionista. Las y los colonos sionistas van a tener que aceptar salir de las tierras que usurparon. Las personas entre ellas y ellos que no aguantan estar en una estado que reconoce sus contrapartes palestino como iguales van a tener que volver de dónde originaron, igual cómo pasó en Angola, Argelia, Mozambique y Zimbabue.

Serán enormes y profundos los cambios políticos e institucionales que todas las partes van a tener que facilitar y asimilar. Entre ellos figura el colosal desafío de cómo sera posible para las familias palestinas superar las inimaginables secuelas psicosociales del dolor y la injusticia que han sufrido durante más de un siglo. Al final, todos los antecedentes de la descolonización demuestran que es inevitable que Palestina sera libre gracias, como en todas las luchas por la liberación nacional, a la fortaleza extraordinaria y la insuperable resistencia de su pueblo.

Fuente: Portal Alba

Palestina. Luis Britto García.

Complejo tema el de las relaciones consigo misma de una Humanidad única que se siente escindida por infinidad de divisorias económicas, políticas, sociales, culturales, estratégicas, algunas fácticas, otras imaginarias, siempre relevantes.

Comencemos por la agenda del antisemitismo, tema esgrimido como arma retórica de destrucción masiva con la cual se pretende a veces tener razón sin suministrar argumentos. Según la Biblia, era Sem uno de los hijos de Noé, reprobado por haberse burlado de la embriaguez de su padre. De él descenderían los pueblos que hablan lenguas semíticas vinculadas con el hebreo, tales como el arameo, el asiri, el babilonio, el sirio, el fenicio y el cananeo, el cual incluye a  las lenguas del Cercano Oriente, entre ellas el árabe. Por extensión, se acostumbra a discriminar como semitas a los pueblos del Islam.

Por tanto, tan antisemita es quien discrimina o persigue judíos, como el que persigue, discrimina o extermina musulmanes y árabes.

Las razas no existen, decía ya José Martí. Ninguna peculiaridad genética nos vincula con un credo religioso o político. Nuestras opiniones y creencias son inculcadas socialmente o desarrolladas de manera interna a partir de experiencias y razonamientos.

El  poder, la riqueza y la  religión heredadas  destruyen la igualdad e imposibilitan  la convivencia.  El historiador hebreo Schlomo Sand, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Tel Aviv, parece haber demostrado que la mayoría de quienes actualmente profesan el judaísmo  no descienden genéticamente de los antiguos pobladores de Judea, sino que fueron convertidos a dicha religión mediante intenso proselitismo en Europa, África y Asia, y entre otras muchas regiones en España, Holanda, La Meca, la Península Arábiga y Yemen.

Los hebreos son una Nación, en cuanto grupo humano que comparte un conjunto de valores culturales y aspira a que éstos perduren, al igual que son naciones todos los pueblos de la tierra.

Toda Nación tiene el derecho de aspirar a constituirse en Estado, pero todo Estado tiene asimismo el derecho de resistirse a ser destruido al extremo de que sus habitantes queden reducidos a nación.

Israel sólo  tuvo un Estado propio entre el reino de David y la conquista asiria, los años 1000  y 722 antes de Cristo, vale decir, hace unos 3.000 años.

 Por el tratado secreto Sykes-Picot, Francia, Rusia e Inglaterra se comprometieron en 1917 a repartirse los territorios del Oriente Próximo que habían estado bajo  dominio de Turquía. El mismo año,  la Declaración Balfour afirmó que ”El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo”. La ocupación británica se prolongó hasta 1947, cuando fue sustituida por la ocupación de la ONU, que planteó crear dos Estados, uno árabe y otro judío.

Para ninguno de estos tratados, declaraciones ni planes donaron las potencias que los redactaron ni un centímetro de territorio propio: acordaron sacrificarles el territorio de Palestina, sin consultar tampoco a los palestinos, legítimos habitantes y poseedores continuos, ininterrumpidos e inmemoriales del mismo.

El disparate de retrotraer Palestina –pero no a las potencias ocupantes- a una mítica situación geopolítica de hace tres milenios, sólo podía imponerse por la fuerza. En 1948 los armados colonos israelíes agredieron Palestina, usurparon 78% del territorio, expulsaron 780.000 lugareños, les robaron sus bienes, y tras sucesivas victorias militares la convirtieron en el campo de concentración más grande del mundo, limitado por laberintos de infranqueables murallas y regido por el apartheid, un estatuto de discriminación repetidamente condenado por las organizaciones internacionales.

Visité las  fronteras llenas de ametralladas edificaciones y los campos de refugiados del éxodo palestino en Líbano, zonas de agobiante hacinamiento, con callejuelas de un metro de ancho y pobladores a quienes se prohíbe ejercer unas ochenta profesiones en el país que los acoge. De una docena de millones de palestinos, más de la mitad ha sido forzada a vivir fuera de su patria.

Quienes se proclaman instrumentos de Dios usualmente usan a Dios como instrumento. Lo que se debate en Palestina no es la primacía entre  dos religiones que adoran al mismo Dios con rituales diferentes, sino la agresión armada  del colonialismo contra pueblos que se niegan a ser colonizados y recolonizados.

Kennedy planteó una “relación especial” con Israel. Desde el gobierno de Lyndon Johnson, dicho país es continua e infatigablemente apoyado, asistido, financiado y armado por Estados Unidos y la OTAN a fin de mantener una cuña militar que  facilite la rapiña sobre la energía fósil del Oriente Próximo. El secretario de Estado de Ronald Reagan, Alexander Haig, declaró que “Israel es el mayor portaaviones estadounidense, es insumergible, no lleva soldados estadounidenses y está ubicado en una región crítica para la seguridad nacional de Estados Unidos”.

Declaró Biden que su apoyo a Israel es “sólido como una roca e inquebrantable”. Gracias a ello, el sionismo detenta unos 400 artefactos nucleares. Aviones, bombas y cohetes de la gran potencia norteña arrasan la bloqueada Gaza a pesar de que las leyes yankis vetan utilizarlos contra civiles; dos portaaviones suyos cercan la costa, unos dos mil soldados han sido destacados a la región.

Desmantelado por las guerras, o considerado apenas  “protoestado”, el Estado de Palestina fue reconocido como tal por la mayoría de los países de la  ONU en 2012, y desde entonces numerosos miembros se han sumado al reconocimiento.

Advierte el lugar común que la primera víctima de un conflicto es la verdad. Ya contra Gaza acumulan infundios las agencias noticiosas; creerlas es cerrar filas con los agresores.

No hay guerra sin atrocidades porque no hay mayor atrocidad que la guerra. Podemos entender aunque no excusar las extralimitaciones de la víctima, pero no legitimar las del verdugo.

Mueve a solidaridad hacia un pueblo el cúmulo de atrocidades cometidas en su contra. Nadie más merecedor de ella que el palestino, víctima de casi todos los crímenes y autor apenas del delito de defenderse.

Texto: Luis Britto García

Mahmud Darwish. Poemas de resistencia.

Los Poemas de Resistencia de Mahmud Darwish (1941-2008) sirven para no olvidar, para exigir y para detener el holocausto sionista israelí. Estos poemas dirigen sus mejores palabras al reconocimiento pleno de los derechos del pueblo palestino, al fin del bloqueo de Gaza y a la construcción de un Estado soberano y libre para millones de ciudadanos, que hoy no cuentan con patria ni lugar en este mundo para vivir con dignidad.

Para el Fondo editorial del sur es un privilegio poder difundir las palabras del gran poeta palestino Mahmud Darwish. Sus versos tienen la fuerza y el aliento necesarios para seguir impulsando la causa palestina, porque la mejor manera de pelear por los derechos de este pueblo es convertir sus causas en nuestras causas. Penetrar en el universo del despojo, de la humillación y del crimen cometido contra el pueblo palestino es una de las funciones de esta antología de poemas que quedará, a través de los siglos, como prueba imperecedera de lo que jamás puede volver a ocurrir, de lo que jamás hemos debido dejar que ocurriera.

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Y en eso volvió Chávez a Ferro: Aquí no se rinde nadie.

El sábado 19 de agosto, el comandante Chávez regresó a las canchas del fútbol argentino. Lo hizo en una bandera cargada de simbolismos, durante el partido entre el local, Ferro Carril Oeste, e Independiente Rivadavia, de la provincia de Mendoza. El cotejo correspondió a la 26º fecha de la Primera Nacional, la segunda categoría de fútbol de los campeones del mundo.

Bautismo de fuego, frente a dueño de canal que catapultó a Milei

Ferro, séptimo en su grupo, terminó empatando 1-1 con Independiente Rivadavia, escolta y a un punto del líder. El club mendocino es presidido por Daniel Vila, empresario que también dirige al Grupo América. Este conglomerado mediático reúne canales de tv, radios, diarios y webs.

Vila estuvo en la cancha, sobre el lateral del campo de juego destinado a los directivos del club visitante. Sobre el lateral opuesto colgaba la bandera, en la parte central de la platea techada del estadio Arqto. Ricardo Etcheverry. Así las cosas, el «trapo» debutó enfrentando a un duro rival y ante los ojos de quien dirige al grupo mediático que lanzó al estrellato a «el loco» Javier Milei. Un agresivo y ajustador fundamentalista del mercado, que supo canalizar enojos y hartazgos de sectores empobrecidos no escuchados por los últimos dos gobiernos nacionales.

Aquí no se rinde nadie” verdolaga

La frase es el alma del “trapo”. Es un grito con historia. La arenga emerge desde el medio del escudo del club. Un llamado que atraviesa a los hinchas de Ferro. Los más grandes, aún recuerdan no doblegarse ante los descensos -seguidos de ascensos- en los ´50, ´60 y ´70 del siglo pasado.   

Durante su época de oro, los ´80, el no rendirse ante los robos arbitrales -y las campañas mediáticas- llevó a Oeste a coronarse dos vences campeón nacional. Tras la dolorosa quiebra de la centenaria institución en 2002 -impacto de la profunda crisis neoliberal de 2001-, el no claudicar verdolaga derrotó gerenciamientos turbios, espurios manejos judiciales, motorizó a los socios a recuperar el club en 2014 y también su intensa y pujante recuperación.

Hoy, la emblemática frase embandera la larga marcha por el ascenso a Primera. El bautismo del trapo “en el templo” fue publicado en las redes por medios partidarios como la Ferroweb y Ferrocarriloest. El 4 de septiembre debutó en la popular, acompañando un contundente 3-0 frente a Mitre, de Santiago del Estero. La Banda de mi Barrio la colgó junto al banderín del corner y le dedicó un posteo agitando la arenga.

Aquí no se rinde nadie”, sus raíces

El “aquí no se rinde nadie” tiene una profunda carga histórica de pueblos en lucha. Volvió a escena a principios del milenio, en la voz de Hugo Chávez. El presidente venezolano, enfrentando violentos intentos de desestabilización, arengó a su pueblo en una repleta avenida Bolívar: “Aquí no se rinde nadie, aquí no se cansa nadie. Rendirse es traición, cansarse es falta de conciencia».

Asimismo, casi medio siglo antes, esa consigna fue vital en los inicios de la Revolución Cubana. En Alegría de Pío, el ejército batistiano emboscó a una extenueda tropa insurgente. Rodeados, bajo fuego enemigo, surgió el grito de resistencia: «Aquí no se rinde nadie, ¡carajo!» La frase quedó registrada por la pluma del Che Guevara en su libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria.

Bandera verdolaga, malvinense y antiimperialista

No es exagerado ver antiimperialismo en la bandera. No sólo por las raíces resilientes y combativas de la emblemática frase. Sumemos la presencia de la icónica mirada del líder bolivariano, llenando la parte superior del escudo. Hay quienes no identifican al Comandante Chávez y asumen que se trata de un veterano de Malvinas, acompañando la silueta de las Islas; resplandecientes sobre el verde y centradas debajo de la consiga.
 
Además, hay un significativo antecedente antiimperialista de la hinchada verdolaga. La final del Nacional de 1982, primer título del club, fue jugada pocos días después del fin de la guerra en las Malvinas. En una fría tarde de invierno, la barra de Ferro quemó una bandera británica y otra norteamericana, repudiando el accionar de las potencias occidentales en las Islas.

Actualmente, y desde hace algunos años, distintos grupos de hinchas llevan banderas autorreferenciales de Ferro Antifacista, de Ferro Feminista y de Los Troskos del Oeste. Incluso, los y las verdolagas, en amplia mayoría de sectores medios, reconocen como máximo ídolo y símbolo del club a Gerónimo “Cacho” Saccardi. Aguerrido caudillo del equipo, guerrero romántico, siempre priorizó los valores humanos sobre el dinero, siendo calificado por un medio del establishment como “futbolista antisistema”.

y en eso volvió Chávez

Con la imagen de sus ojos enmarcada en el escudo, más de uno vio a otro antisistema -latinoamericano, de impacto mundial- regresar a la misma cancha donde lo vieron jugar un importante partido. En 2007, el presidente norteamericano George W. Bush iniciaba una gira regional en Uruguay. En respuesta a “mister danger”, el 9 de marzo, el líder bolivariano le puso el cuerpo a la contragira en el “templo de madera”. Las Madres de Plaza de Mayo organizaron el acto antiimperialista en el barrio de Caballito, centro geográfico de la capital argentina. Más de 30.000 personas colmaron el estadio verdolaga, en el que terminó siendo su último acto multitudinario en Argentina.

 

Los invictos, los 28 de julio y los trabajadores

La condición de invicto expresa invencibilidad. El Ferro Campeón Nacional de 1982, alcanzó ese plus, como sólo 4 campeones en la historia argentina. En aquel torneo cosechó 16 victorias y 6 empates, marcó 50 goles, recibió sólo 13 y tuvo al goleador del campeonato, el «negro» Juárez, con 22 tantos. Otro invicto histórico, mucho más difícil de lograr, es el de Hugo Chávez. Emergiendo desde el pueblo durante la crisis del modelo “puntofijista” y propiciando la democracia participativa y protagónica, ganó por mayoría todas las elecciones presidenciales que disputó: 1998, 2000, referéndum 2004, 2006 y 2012.

Casualidad o no, el actual retorno de la imagen del líder bolivariano a las canchas del fútbol argentino fue en el club fundado exactamente 50 años antes de su nacimiento. Un 28 de julio, de 1954, un humilde matrimonio de trabajadores de la educación parió al “arañero” en Sabaneta. Otro 28 de julio, de 1904, obreros ferroviarios iniciaron la vida de la institución de Caballito. Como nota de color, también fueron laburantes, irlandeses, quienes en 1910 crearon la camiseta «verde nilo», desplazando el blanco y rojo impuesto por los gerentes ingleses.

De resiliencias y persistencias

En 2013, varias hinchadas colgaron trapos en las tribunas expresando su apoyo al Comandante venezolano durante su convalecencia o lamentando su desaparición física, como la de Tigre en el norte bonaerense, la de Newell´s en Rosario, la de San Martin de Tucumán.

Hoy, una década después, la novedad de la bandera verdolaga es que recupera su impronta, en medio de una creciente incertidumbre doméstica, nacional, internacional. Una impronta que aparece muy lejana en la “real politik” de muchas organizaciones; pero, simultáneamente, esperanzadora en los rostros de quienes reconocían la icónica mirada de Chávez.

Quiso el destino que el retorno del antiimperialista bolivariano a Ferro se produjese a menos de una semana del triunfo electoral en las primarias abiertas y obligatorias de «el loco» agitador neoliberal. Y frente a uno de los dueños del conglomerado mediático que lo catapultó a la fama. En estas circunstancias, el “aquí no se rinde nadie” también puede ser interpretado como una arenga para enfrentar lo que está pasando en Argentina.

Fotografia gentileza Oscar de la Vega

Gabriel Jiménez Emán y Los dientes de Raquel. Medio siglo de literatura

En 2023 se cumplen cincuenta años de la edición de la primera obra literaria de Gabriel Jiménez Emán, un volumen de microrrelatos que pronto adquirió relevancia entre lectores y críticos el mismo año de su publicación, 1973: Los dientes de Raquel. Salvador Garmendia, Ludovico Silva, Jesús Serra, Luis Britto García, Julio Miranda, Lubio Cardozo y otros se sumaron por aquellos años al reconocimiento de la obra, y desde entonces el escritor no ha cesado de brindar otros libros de microficcion, novelas, ensayos, artículos y cuentos a la literatura venezolana, complementando esta labor con ediciones antológicas de cuentos, poemas y ensayos literarios venezolanos, además de trabajos sobre filosofía, cine y música, en diversas editoriales de Venezuela y el extranjero. Su consecuente trabajo en el campo de las letras a partir de entonces y hasta el siglo XXI le hicieron acreedor del Premio Nacional de Literatura de Venezuela en el año 2019, por el conjunto de su obra.

En este año 2023 varias instituciones y personalidades del mundo cultural y literario unen esfuerzos para celebrar el medio siglo en la literatura y la cultura venezolana de este notable escritor nuestro nacido en Caracas en 1950, que ha hecho vida en varios estados de Venezuela, reconocido fuera de nuestras fronteras como referente del microrrelato, el cuento y la novela corta, traducido a varios idiomas y seleccionado en numerosas antologías de otros países. Ha complementado su labor creativa con sus trabajos como traductor del idioma ingles, editor y conferencista en diversas universidades e instituciones públicas y privadas de Venezuela y el extranjero, y como coordinador de talleres y cátedras en la Universidad Central de Venezuela, Universidad de los Andes y Universidad de los llanos Ezequiel Zamora. Invitado a conferencias magistrales en Universidades de París, Nueva York, Andalucía, Salamanca, Atenas, Oporto y Bogotá; en numerosos congresos y ferias del libro en La Habana, Buenos Aires, Santiago de Chile, México, Bogotá y Quito.

En 2023 se presentarán varias obras inéditas del escritor: el volumen sobre filosofía Del logos moderno a la razón global; el libro autobiográfico La vida en fuga. Retazos de memoria compartida; una novela corta inspirada en la vida del doctor José Gregorio Hernández: Y José Gregorio ascendió a los cielos; un libro de entrevistas al autor con el título de Diálogos de la alteridad; ademas de algunas que otras conversaciones filmadas, cortometrajes, conferencias sobre su obra y una antología de sus microrrelatos.

Comité organizador “Gabriel Jiménez Emán 50 años de trayectoria literaria”

Cien años de la URSS. Luis Britto García

Y allá, en la esteparia lontananza. La Unión Soviética alza su puño de esperanza ¡Camarada, salud!

Aquiles Nazoa

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Hace ya treinta años, Aníbal Nazoa escribía: “Pronto el mundo comprenderá la inmensa tragedia que significa la disolución de la Unión Soviética”.  Toda la leña que  imperios y  agencias noticiosas han hecho del árbol caído no basta para que se lo olvide. Esa tragedia no concluye ni sus heridas se cierran. Intentemos un balance precario y quizá provisional.

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El 7 de noviembre de 1917 el partido bolchevique, que apenas contaría con más de 15.000 miembros,  proclama el primer Estado socialista  en el más extenso de los países del mundo: lo que quedaba del retrógrado, oligárquico y desarticulado imperio zarista, tiranizado desde 1613 por la dinastía Romanov. Para demostrar que las revoluciones no son posibles, los países reaccionarios hacen lo imposible. Declarar una Revolución es enfrentar una contrarrevolución interna y una guerra externa acompañada de bloqueo. Así sucedió históricamente incluso contra las revoluciones burguesas de Inglaterra y de Francia. Así ocurrió también con la Revolución Soviética. Desde el primer día de la toma del poder catorce potencias imperiales le declararon la guerra. Estados Unidos la invadió por Alaska,  para sufrir un colosal fiasco. El desbaratado ejército zarista no podía continuar la contienda, y los bolcheviques habían prometido la paz. Para concertarla  con las Potencias Centrales de Alemania, el Imperio Otomano,   el austrohúngaro y Bulgaria, el poder soviético  debió cederles el 3 de marzo de 1918  en el Tratado de Bretz Litovsk los territorios de Estonia, Letonia, Lituania y Polonia y aceptar las independencias de Finlandia, Georgia y Ucrania,  pérdidas que recuperó meses después con la rendición de Alemania. El Ejército Blanco zarista, los terratenientes ricos y la reacción burguesa detonan la guerra civil. Parece que al naciente poder le quedan pocas semanas de vida.

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Sin embargo, el 30 de diciembre de 1922 representantes de Rusia, Bielorrusia, Transcaucasia y Ucrania proclaman  la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de acuerdo con el plan de Lenin de crear un estado federativo integrado por repúblicas soberanas e independientes, opuesto al proyecto de Stalin, más centralista.  La naciente Unión  era un Estado Federal en toda la acepción de la palabra. Cada una de las Repúblicas que la integraban tenía su propia constitución, nacionalidad y cultura, y muchas de ellas su religión y lengua propias, así como el derecho constitucional a practicarlas y preservarlas. Su elemento integrador era el plan de tomar el cielo por asalto con las terrenales escaleras del partido de cuadros, la propiedad social de los medios de producción, la planificación socialista, la electrificación y los Soviets o Consejos Obreros.

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El país atrasado y derruido que nace de los escombros de la Primera Guerra Mundial y debe sufrir el mayor peso de las devastaciones de la Segunda adopta como prioridad el desarrollo económico autónomo, sin el cual devendría  colonia o semicolonia de imperios. No parece factible la tesis de Trotsky de impulsar una Revolución Permanente que se propague como reguero de pólvora por el mundo entero. En 1919 había estallado en Hungria otra Revolución Comunista, que fue rápidamente aplastada. Predomina la propuesta  estalinista  de concentrarse en el Socialismo en un solo País. El Ejército Rojo comandado por Trotsky derrota la contrarrevolución interna; el proletariado dirigido por el Partido Comunista cumple la colectivización del campo y la electrificación de la industria.  La tasa media de crecimiento industrial del zarismo había sido de 3,2% anual entre 1800 y 1810; para 1918 el acosado  poder soviético ya la ha elevado a 6,9%; para 1930 la economía planificada la ha fortalecido hasta 16,5%; a partir de 1941 la destrucción provocada por la agresión nazifascista y sus secuelas la desploman hasta 11,3% en 1954; desde 1959 se estabiliza durante mucho tiempo en 9,15%, una de las más altas del mundo. (Marc Saporta, Soria, Georges (1969) Los dos colosos: USA-URSS.  Librería Editorial Argos, Barcelona. P.299) Estas tasas de desarrollo se mantienen estables, sin padecer las crisis económicas del capitalismo. A tres décadas apenas después de clausurar una autocracia medieval, la Unión Soviética es la segunda potencia del mundo.

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A pesar de soportar la principal carga destructiva de dos guerras mundiales, la propiedad social de los medios de producción y la planificación estatal no sólo desarrollan la economía: producen artefactos nucleares en 1948; lanzan el primer satélite artificial en 1957; en 1961 ponen en órbita el primer cosmonauta  colocan la primera sonda espacial en Venus, el año siguiente la primera en Marte, en 1966 la primera misión no tripulada  aluniza y transmite desde el satélite,  y luego orbitan las primeras bases espaciales tripuladas. La ciencia se vuelve pasión colectiva de la juventud soviética que plena las universidades gratuitas: se crea una ciudad para la investigación, Novosibirsk. La URSS toma la delantera entre las potencias científicas y tecnológicas.

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Lo que la planificación centralizada y el trabajo colectivo logran en la industria y en la agricultura colectivizada se traduce en derechos para los trabajadores.  La educación en todos sus niveles y la asistencia médica son gratuitas, en un mundo donde para aquél entonces estaban reservadas para las clases pudientes Se reconoce el derecho a vacaciones, primero de quince días y luego de un mes, lo que era apenas concebible en el mundo capitalista. La URSS garantiza el pleno  empleo, la seguridad social y la jubilación digna a los 55 años para las mujeres y a los 60 para los hombres en tiempos en que gracias a las crisis económicas en el capitalismo tales derechos resultaban utópicos (https://archivo.juventudes.org/nikolai-efimov/5-diferencias-entre-el-sistema-sovi%C3%A9tico-de-pensiones-y-el-sistema-capitalista). Se garantiza la igualdad de oportunidades y de remuneración  de las mujeres  con los varones;  el matrimonio puede disolverse a petición de cualquiera de las partes; se despenalizan la homosexualidad y el aborto;  desde 1917 se concede una licencia por maternidad que a la larga se extiende por tres años (https://sputniknews.lat › Noticias). Estos derechos no sólo son reconocidos sino además satisfechos en lo posible en un país duramente golpeado por la contrarrevolución zarista, las guerras mundiales y el interminable bloqueo y la carrera armamentista impuesta por la Guerra Fría. No se implantan el derroche ni el consumismo. La producción  cubre las necesidades fundamentales de una vida austera e igualitaria en un país repetidamente destruido y asediado. Esto no ocurre sin errores, retrocesos ni tropiezos, pero los resultados son ejemplares, y sirven de modelo para posteriores reivindicaciones en el mundo capitalista.

Texto Luis Britto García